En Mendoza, el termómetro social marca una temperatura particular sobre la credibilidad del ex jefe de ministros y la percepción ciudadana respecto al futuro que le depara fuera de la primera línea del Gobierno.
El juicio de la calle suele ser más implacable que el de los tribunales. Tras la salida de Manuel Adorni de la Jefatura de Gabinete, las miradas se han posado en la reacción ciudadana, especialmente en Mendoza, donde el sentimiento predominante parece distar mucho del respaldo que supo tener el funcionario.
Adorni oficializó su renuncia presionado por una tormenta judicial que incluye investigaciones por presunto enriquecimiento ilícito y fue reemplazado por Diego Santilli en un intento del Ejecutivo por ganar respaldo.
El foco de mayor tensión se encuentra en los testimonios recogidos en la provincia cuyana, donde el malestar social es evidente. Al ser consultados sobre la veracidad de los dichos del exjefe de Gabinete, los mendocinos son tajantes: “Adorni miente y miente mucho”, sostiene un ciudadano con firmeza. Otros aseguran que ya no es un hombre que “esté agradando a nadie” y perciben que su comportamiento rompió con la lógica de transparencia que esperaban de la nueva gestión. Entre el escepticismo y el rechazo directo, el consenso en las calles de Mendoza sugiere que el relato oficial sobre su evolución patrimonial ha perdido toda solvencia ante la gente.
Más allá de la percepción popular, la situación de Adorni se complica en los tribunales de Comodoro Py, donde se investigan audios comprometedores y el presunto uso de tarjetas de crédito de sus subalternos para gastos personales. Con una declaración jurada rectificada que muestra un incremento patrimonial del 415,9% real, el exfuncionario deberá enfrentar a la justicia para explicar el origen de sus bienes.


