El puente hacia el encuentro

El puente hacia el encuentro

Por: Victoria Urban, voluntaria de Sopa de Letras.

Hay encuentros que te cambian la manera de mirar la realidad. Para mí, Sopa de Letras fue uno de ellos. Conocí esta tarea a través de mi mamá, Mariela, que siempre llegaba a casa compartiendo los encuentros, los abrazos y el amor con el que se llevaba adelante cada jornada. Así descubrí que, aun en medio de la exclusión, existe un espacio dispuesto a escuchar y acompañar. Tiempo después, esa tarea también se convirtió en parte de mi vida.

Desde entonces, entendí que la situación de calle es mucho más que una persona durmiendo en una plaza o en una vereda. Detrás de cada rostro hay una historia, vínculos que se rompieron, derechos vulnerados y una dignidad que, aun en medio de la intemperie, permanece intacta.

También comprendí que esta realidad es mucho más grande de lo que muchas veces vemos. Hablamos de personas que viven en extrema vulnerabilidad, de familias que hacen enormes esfuerzos para sostenerse día a día y de adultos mayores que sobreviven en condiciones muy precarias. Son realidades que, aunque no siempre se vean, también forman parte de nuestra sociedad.

Fue justamente esa realidad, y la manera de responder a ella desde el amor, lo que me llevó a involucrarme en Sopa de Letras. Porque estar presente no es solamente acercar un plato de comida, un té o una vianda. Es utilizar ese alimento como un puente para acercarnos al otro, para encontrarnos, abrazar y escuchar. Es recordarles, a quienes muchas veces se sienten olvidados, que no están solos.

En este camino, aprendí que nadie llega a la calle de un día para el otro. Detrás de cada persona hay una historia de vida, heridas, ausencias y respuestas que nunca llegaron. Y, sin embargo, en medio de todo eso, también hay encuentro.

Después de cada jornada, me queda la certeza de que el amor transforma. En un abrazo, en un mate compartido, en una pulserita hecha a mano o en la preocupación del otro cuando un día no podemos estar, descubrimos que el amor que uno da, también vuelve.

Por eso estoy convencida de que Sopa de Letras no es solamente un plato de comida. Es un espacio donde hay corazones, oídos y brazos dispuestos a escuchar, amar y acompañar.

Hace dieciséis años que Sopa de Letras camina las calles de Mendoza y hay algo que permanece intacto: el amor y la empatía que sostienen esta tarea.

Porque creemos profundamente que nadie debería atravesar la intemperie de la vida en soledad. Y por eso vamos a seguir estando, acompañando y amando, hasta que no quede ni una persona en las calles.

“AMANDO A CADA PASO, PORQUE AMAR ES SIMPLEMENTE URGENTE”

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