Por: Gerardo Marrelli Linares. MAIEU Gestión educativa, cultural y bienestar organizacional.
Cada año ocurre la misma historia.
Un estudiante mendocino recibe una noticia que debería cambiarle la vida: fue seleccionado para representar a su escuela, a su ciudad o a la provincia en una olimpíada, una feria de ciencias, una competencia de robótica, un encuentro cultural o un torneo deportivo.
Durante unos días todo es alegría.
Los docentes celebran.
La familia se emociona.
Los compañeros lo felicitan.
Pero poco después aparece la pregunta que nadie quisiera hacer.
¿Cómo vamos a pagar el viaje?
Y es allí donde el entusiasmo comienza a transformarse en angustia.
Colectas solidarias, rifas, ventas de empanadas, campañas en redes sociales, pedidos de ayuda a empresas, a municipios o a vecinos. Familias enteras recorriendo comercios para juntar el dinero que permita que un hijo pueda representar a Mendoza.

En demasiadas ocasiones ni siquiera eso alcanza. Entonces el estudiante que había sido elegido por su capacidad termina quedándose en su casa. No porque no fuera suficientemente bueno. No porque no hubiera estudiado.No porque no hubiera trabajado.
Simplemente porque nació en una familia que no podía afrontar el costo de un pasaje. Y esa es una injusticia que una sociedad no debería naturalizar. El mérito nunca debería depender del tamaño del bolsillo. Sin embargo, todavía ocurre.
Cada vez que un estudiante mendocino pierde una oportunidad por razones económicas, no estamos frente a un problema individual. Estamos frente a un fracaso colectivo. Porque cuando un joven representa a Mendoza, no viaja únicamente él.
Viaja el esfuerzo de sus docentes. Viaja el acompañamiento de su familia. Viaja el trabajo silencioso de una comunidad educativa.
Viaja el nombre de toda una provincia. Por eso el debate que hoy tenemos por delante va mucho más allá de un programa de asistencia económica. Lo que realmente debemos preguntarnos es qué mensaje queremos transmitirles a nuestros niños y jóvenes.
¿Queremos decirles que el esfuerzo tiene premio… siempre que puedan pagarlo? ¿O queremos demostrarles que una sociedad verdaderamente justa acompaña a quienes hicieron los méritos para llegar?
El Programa Provincial Acompaña Mendoza nace precisamente para responder esa pregunta. No pretende reemplazar el compromiso de las familias ni el trabajo de las escuelas. Mucho menos regalar oportunidades.
Las oportunidades ya fueron ganadas. Quienes accederán al programa no son elegidos por un funcionario. Son estudiantes que ya fueron seleccionados por concursos, evaluaciones, jurados especializados, instituciones educativas u organismos académicos. Son jóvenes que demostraron talento, disciplina, dedicación y compromiso. El Estado llega después.
Llega únicamente para impedir que el dinero decida quién puede representar a Mendoza y quién no. Porque cuando el factor económico se convierte en el filtro definitivo, dejamos de premiar el esfuerzo para empezar a premiar el nivel de ingresos.

Y eso contradice la esencia misma de la educación pública como herramienta de igualdad y movilidad social. Algunos podrán preguntarse cuánto cuesta implementar una política de estas características.
La verdadera pregunta debería ser otra. ¿Cuánto le cuesta a Mendoza perder cada año a cientos de jóvenes talentosos que no pueden acceder a estas experiencias? ¿Cuánto conocimiento dejamos de incorporar? ¿Cuántas vocaciones científicas, tecnológicas, artísticas o deportivas se apagan antes de tiempo?
¿Cuántos futuros investigadores, ingenieros, médicos, docentes, emprendedores o líderes sociales abandonan un sueño porque nadie estuvo dispuesto a acompañarlos?
Los países que hoy lideran el desarrollo comprendieron hace mucho tiempo que la educación no termina en el aula. Las experiencias de intercambio, las competencias académicas, las ferias científicas y los encuentros internacionales forman parte del aprendizaje.
Allí los estudiantes desarrollan liderazgo, creatividad, pensamiento crítico, trabajo colaborativo, innovación y capacidad para resolver problemas reales. No son viajes. Son inversiones en capital humano. Y el capital humano constituye hoy el principal motor del desarrollo económico y social de cualquier nación.

Mendoza posee un enorme potencial. Lo vemos cada año cuando nuestros estudiantes obtienen premios nacionales e internacionales en robótica, ciencias, programación, matemáticas, cultura o deporte. El problema nunca fue la falta de talento. El problema ha sido la falta de oportunidades para todos.
Por eso esta iniciativa representa mucho más que una herramienta administrativa. Es una declaración de principios. Es afirmar que el lugar donde nació un estudiante no debe determinar hasta dónde puede llegar.
Es reconocer que el esfuerzo merece ser acompañado. Es comprender que detrás de cada joven que representa a Mendoza existe una historia de sacrificio que merece transformarse en esperanza y no en frustración. Una sociedad se define por aquello que decide proteger.
Hay quienes invierten en infraestructura. Hay quienes invierten en tecnología. Hay quienes invierten en producción. Todo eso es necesario. Pero ninguna inversión ofrece un retorno tan profundo como aquella que apuesta por el talento de sus jóvenes. Porque las rutas unen ciudades.
Las obras mejoran la infraestructura. Pero son las personas las que cambian el destino de una provincia. El Programa Provincial Acompaña Mendoza no garantiza medallas, diplomas ni primeros puestos.

Garantiza algo mucho más importante. Que ningún estudiante vuelva a quedarse mirando partir un colectivo, un avión o una delegación sabiendo que hizo todo para llegar… excepto haber nacido en una familia con recursos suficientes. Una provincia que acompaña a quienes se esfuerzan es una provincia que cree en el futuro.
Y el futuro, como el talento, no puede seguir esperando detrás de una barrera económica.

