Un relevamiento de especialistas expone el impacto del hostigamiento digital y presencial en más de 23 mil estudiantes de la provincia. Advierten sobre la urgencia de aplicar protocolos estatales coordinados.
Investigadores del CONICET Mendoza presentaron en el Centro de Investigaciones Cuyo un preocupante panorama sobre las aulas de la provincia, mediante la publicación de un exhaustivo relevamiento que analiza las dinámicas de violencia y el impacto del acoso escolar en el nivel secundario. La investigación, liderada por Roxana Marsollier y Cristian Expósito junto a un equipo interdisciplinario, encendió las alarmas en la Dirección General de Escuelas (DGE) al sistematizar de forma urgente las conductas disruptivas de veintitrés mil estudiantes mendocinos.
Los datos obtenidos, divididos según las distintas modalidades del sistema educativo, evidencian que las situaciones de violencia institucionalizada se vinculan de manera directa con variables críticas como el consumo de sustancias y la exclusión social. Frente a este escenario, los especialistas advirtieron que el acoso escolar suele permanecer invisible para el cuerpo docente debido a la falta de herramientas institucionales y al temor de las propias víctimas a denunciar. Por este motivo, el informe fue enviado a los supervisores con el objetivo de agilizar la toma de decisiones gubernamentales.

La doctora Marsollier destacó la importancia de no banalizar los términos conceptuales en el debate público y diferenció los componentes esenciales que validan una denuncia legítima en los colegios. Según la investigadora, para que se configure un cuadro de acoso escolar sistemático deben coexistir tres factores ineludibles: intencionalidad de daño, frecuencia en el tiempo y un marcado desequilibrio de poder entre el agresor y el agredido. Asimismo, el análisis expone que el hostigador usualmente busca la validación de su entorno social, mientras que el afectado padece un aislamiento crítico.
El documento dedica un apartado central al avance de la tecnología y cómo las redes sociales extienden la violencia fuera del horario institucional, transformándola en un padecimiento de veinticuatro horas. En la actualidad, el uso de herramientas de Inteligencia Artificial para generar videos, audios y fotografías falsas ha potenciado exponencialmente el daño psicológico dentro de las comunidades educativas, redefiniendo las fronteras tradicionales del acoso escolar virtual. Ante esto, el estudio exige que las familias asuman un rol activo en la supervisión digital para prevenir delitos graves.

Por su parte, el investigador Cristian Expósito enfatizó que el diseño de políticas públicas orientadas a mejorar el clima en las aulas es un requisito indispensable para garantizar el éxito del proceso de enseñanza. Avalado por la jerarquía de necesidades de la pirámide de Maslow, el informe concluye que un estudiante no puede asimilar contenidos complejos si el Estado no asegura primero un entorno de seguridad afectiva. De este modo, abordar el acoso escolar de manera transversal en todas las materias se vuelve una prioridad política impostergable para resguardar la formación de los ciudadanos.


