La carne bajó de precio, pero cada vez menos argentinos pueden comprarla

La carne bajó de precio, pero cada vez menos argentinos pueden comprarla

Las carnicerías comenzaron a reducir hasta $2.000 por kilo en algunos cortes para intentar recuperar ventas. Sin embargo, el consumo sigue en mínimos históricos y muchos comercios ya hablan de una crisis que no logra revertirse.

Durante décadas, la carne vacuna fue uno de los símbolos de la mesa argentina. Hoy, esa tradición atraviesa uno de sus momentos más difíciles.

Aunque en las últimas semanas los precios comenzaron a bajar en numerosas carnicerías, las ventas siguen sin despegar. La explicación no está en el valor del producto, sino en el deterioro del poder de compra de las familias.

Bajan los precios para intentar vender

En Mendoza, varios de los cortes más populares redujeron su precio alrededor de $2.000 por kilo.

La carne picada común, el asado de carnicero, la tapa de asado, el vacío y otros cortes registraron rebajas que buscan atraer consumidores en un mercado cada vez más golpeado.

Sin embargo, el alivio para el bolsillo no alcanzó para revertir la tendencia.

El consumo, en su nivel más bajo en dos décadas

Según datos de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (CICCRA), el consumo de carne vacuna cayó a 47,5 kilos por habitante por año, el registro más bajo de los últimos veinte años.

La baja fue del 6,1% respecto del mismo período del año anterior.

Para los comerciantes, el diagnóstico es claro: el problema ya no pasa por el precio de un corte específico, sino porque muchas familias directamente dejaron de incluir carne vacuna en sus compras habituales.

El pollo y el cerdo ganan terreno

Frente a esta realidad, los consumidores comenzaron a reemplazar la carne vacuna por alternativas más económicas.

El pollo y el cerdo siguen creciendo porque permiten alimentar a una familia gastando bastante menos dinero.

Según referentes del sector, con el valor de un kilo de carne vacuna hoy pueden comprarse aproximadamente dos kilos de cerdo o tres kilos de pollo, una diferencia que pesa cada vez más en la decisión de compra.

Ni el aguinaldo alcanzó

Carniceros mendocinos esperaban que el aguinaldo, el Día del Padre, el Mundial y las vacaciones de invierno impulsaran las ventas.

Pero el repunte nunca llegó.

Las promociones aumentaron, aparecieron ofertas agresivas y los márgenes de ganancia se redujeron, aunque el consumo permaneció prácticamente estancado.

Cuando bajar los precios ya no alcanza

En cualquier mercado, una baja de precios suele traducirse en un aumento de las ventas.

Con la carne está ocurriendo lo contrario.

Los comerciantes sostienen que muchas familias simplemente perdieron capacidad de compra. Incluso con rebajas importantes, el consumo continúa cayendo.

Para las carnicerías pequeñas, el panorama se vuelve especialmente complejo. A los menores ingresos se suman aumentos en electricidad, alquileres, combustibles, logística e impuestos, una combinación que ya llevó al cierre de algunos negocios.

Una señal que preocupa

La caída del consumo de carne trasciende al propio sector frigorífico.

Para economistas y comerciantes funciona como un termómetro del poder adquisitivo de la población.

Que un alimento tan arraigado en la cultura argentina necesite bajar de precio para intentar sostener ventas, y aun así no logre recuperar compradores, refleja una realidad incómoda: el problema ya no es cuánto cuesta la carne.

El problema es que cada vez más argentinos tienen que elegir qué dejar afuera del changuito para poder llegar a fin de mes.

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