Menos ventas, locales vacíos, compras más pequeñas y familias que priorizan únicamente lo indispensable. Aunque algunos indicadores macroeconómicos muestran señales de estabilidad, el consumo en Mendoza sigue sin recuperarse y el impacto ya se siente en casi todos los sectores comerciales.
Salir a recorrer el centro mendocino alcanza para notar que algo cambió. Locales con poca gente, promociones permanentes, descuentos agresivos y comercios que apenas logran cubrir sus costos forman parte de un paisaje que comerciantes y empresarios describen como una de las etapas más difíciles de los últimos años.

Los números respaldan esa percepción.
Durante los primeros meses de 2026 el consumo masivo volvió a retroceder. Según datos de la consultora Scentia, las ventas cayeron un 5,1% interanual en supermercados y autoservicios, mientras que en el canal mayorista la baja alcanzó el 8,8%. Empresarios mendocinos reconocen que la provincia atraviesa la misma tendencia y advierten que la preocupación no pasa solo por vender menos, sino porque los costos siguen aumentando.
Comprar menos para llegar a fin de mes
El cambio de hábito es evidente.
Hoy la mayoría de los consumidores compara precios, reduce cantidades y posterga cualquier compra que no resulte indispensable.
Los productos considerados secundarios son los primeros en desaparecer del changuito.
Perfumería, bebidas, chocolates, artículos de limpieza e incluso algunos alimentos muestran caídas importantes porque las familias priorizan exclusivamente aquello que consideran esencial.
En los comercios minoristas la situación no es muy distinta.
Representantes del sector aseguran que muchos negocios atraviesan semanas enteras con un movimiento mínimo y que sostener alquileres, impuestos, servicios y salarios se volvió cada vez más difícil.
Los rubros que más sufren
La retracción del consumo golpea prácticamente a toda la economía, aunque algunos sectores aparecen especialmente comprometidos.
Entre ellos se destacan:
- Indumentaria y calzado.
- Electrodomésticos y tecnología.
- Materiales para la construcción.
- Gastronomía.
- Comercios vinculados al hogar y la decoración.
Son actividades que dependen del ingreso disponible de las familias. Cuando el presupuesto apenas alcanza para alimentos, tarifas y transporte, esas compras simplemente dejan de hacerse.
La paradoja de la inflación
Uno de los aspectos que más preocupa a los comerciantes es que la caída del consumo no vino acompañada por una baja equivalente de los precios.
En Mendoza la inflación continúa presionando sobre alimentos, combustibles, logística y servicios, por lo que muchos negocios enfrentan una ecuación cada vez más complicada: venden menos, pero sus costos siguen aumentando.
Esa combinación reduce márgenes de rentabilidad y dificulta sostener el empleo.
Más promociones, menos poder de compra
Las promociones se multiplicaron.
Cuotas sin interés, descuentos bancarios, ofertas por cantidad y liquidaciones permanentes dejaron de ser campañas especiales para convertirse en una herramienta cotidiana.
Sin embargo, ni siquiera esos incentivos alcanzan para recuperar el nivel de ventas.
Muchos comerciantes reconocen que el problema ya no es el precio de un producto, sino la pérdida del poder adquisitivo.
La pregunta dejó de ser “¿está barato?” para transformarse en “¿puedo comprarlo?”.
Los comerciantes en alerta
Desde distintos sectores empresariales advierten que la situación comienza a tener consecuencias más profundas.
Además de la caída en las ventas, preocupa el crecimiento del comercio informal, la competencia de plataformas internacionales y el aumento de las importaciones, factores que muchos consideran imposibles de enfrentar para un pequeño comercio mendocino.
A esto se suma un dato que genera inquietud: en el Gran Mendoza el desempleo aumentó respecto del año anterior y ya alcanza al 6,7% de la población económicamente activa, con unos 35.000 desocupados, según datos oficiales.
¿Dónde quedó el ajuste?
El Gobierno nacional sostiene que el sacrificio económico permitirá construir una economía más estable y reducir definitivamente la inflación.
Sin embargo, para buena parte de los comerciantes mendocinos la recuperación todavía no llegó.
Mientras algunos indicadores financieros muestran mejoras, el consumo, que suele ser uno de los principales motores de la actividad económica, continúa estancado.
La consecuencia es visible en las calles: menos compras, menos circulación de dinero y comercios que sobreviven esperando un repunte que, por ahora, sigue sin aparecer.
La gran incógnita es cuánto tiempo podrán resistir familias y pequeñas empresas si el consumo continúa debilitándose. Porque detrás de cada porcentaje hay una realidad mucho más concreta: negocios que venden menos, trabajadores con menor poder adquisitivo y miles de mendocinos obligados a resignar cada vez más gastos para llegar a fin de mes.


