Tras conocerse que alrededor del diez por ciento de la superficie provincial pertenece a manos foráneas, los vecinos manifestaron su rechazo y advirtieron sobre el impacto en el agua, la soberanía y el acceso a los recursos naturales.
El dato causó un inmediato revuelo en la vía pública mendocina. Frente a la cifra, la mayoría de los encuestados no ocultó su descontento y remarcó la importancia de resguardar el territorio de Mendoza; de hecho, entre las primeras reacciones se escuchó con firmeza: “Me parece mal porque es algo nuestro, es algo nacional”, sumado a quienes señalaron que “termina siendo algo de todos los argentinos en manos de los que tienen más plata”.
Asimismo, el foco de la inquietud se trasladó de inmediato al manejo de los bienes comunes no renovables que integran el territorio de Mendoza. En un contexto de constante escasez hídrica, un vecino alertó sobre la concentración de los recursos: “Por ahí decís el 10% es poco, pero si se están quedando con el agua es un montón”, mientras otro transeúnte remarcó que las adquisiciones no apuntan a la producción familiar, sino que “van a ser ocupadas por los grandes terratenientes y por las grandes corporaciones internacionales”.

El temor a que se repliquen conflictos de restricción territorial encendió las comparaciones con el sur del país, advirtiendo sobre el riesgo de perder el libre tránsito en el territorio de Mendoza. Recordando experiencias como las del Lago Escondido o la costa atlántica, una mujer radicada en la provincia recordó: “Soy de la Patagonia y allá sufrimos el tema este de no poder acceder a las playas, los lagos y acampar como cuando era chica”, dejando en claro que la preservación del suelo propio debe ser una prioridad ciudadana.


