La Selección albiceleste empató 1 a 1 ante el debutante Cabo Verde en el tiempo regular, pero logró destrabarlo en el alargue por 3 a 2 gracias a la jerarquía de sus individualidades. Ahora espera Egipto en octavos.
El debut en la fase eliminatoria del Mundial 2026 dejó en evidencia que no existen partidos accesibles en estas instancias definitivas. Argentina comenzó el encuentro en Miami con la premisa de dominar el balón y desgastar físicamente a un oponente que, en los papeles, llegaba como la víctima perfecta para una tarde tranquila. Durante los primeros treinta minutos, el trámite se tornó espeso, con una posesión excesiva pero carente de profundidad en los últimos metros de la cancha. No obstante, la jerarquía individual destrabó el marcador gracias a una asistencia magistral de Lisandro Martínez que Lionel Messi transformó en gol con una definición de su sello.
Con el correr de los minutos, Argentina disminuyó notablemente el ritmo y empezó a fallar pases sencillos, lo que le permitió al conjunto africano adelantar sus líneas con llamativa confianza. El castigo a esa pasividad llegó en el inicio del complemento, precisamente a los 59 minutos, cuando Deroy Duarte aprovechó un desajuste defensivo para cruzar su remate y desatar la sorpresa absoluta en el estadio.
El impacto del empate obligó al cuerpo técnico a mover el banco de suplentes de inmediato para recuperar el protagonismo perdido. A pesar de los ingresos de Julián Álvarez y Nicolás González, a Argentina le costó horrores volver a vulnerar el cerco defensivo propuesto por el dignísimo rival debutante. El arquero Vozinha se convirtió en figura al tapar un tiro libre formidable a Messi, mientras que el árbitro Drew Fischer obvió una mano dentro del área en la agonía del tiempo regular, forzando así una prórroga impensada.
El inicio del tiempo suplementario trajo un rápido alivio gracias a la personalidad de Lisandro Martínez, quien capturó un rebote en el área y clavó un zurdazo al ángulo. Sin embargo, cuando parecía que la tranquilidad retornaba al campamento de Argentina, Sidny Lopes Cabral inventó una jugada colosal por la banda izquierda y volvió a emparejar las acciones con un remate espectacular. La incertidumbre se apoderó de las tribunas porque el cansancio físico ya era un factor determinante en ambos planteles.
La chapa final se terminó de moldear a los 111 minutos mediante una de las herramientas más sagradas del fútbol moderno: la pelota parada. Un córner preciso ejecutado por el capitán encontró la cabeza goleadora de Cristian Romero para decretar el ansiado e irreversible triunfo de Argentina. El sufrimiento se extendió hasta el último segundo con una atajada agónica de Emiliano Martínez, sellando una clasificación con el corazón que ahora cruza el camino del seleccionado nacional frente a Egipto en los octavos de final.


