La informalidad laboral alcanzó un récord y ya afecta a más de cuatro de cada diez trabajadores. El fenómeno no solo reduce la recaudación del Estado: también golpea las jubilaciones, la salud y aumenta el endeudamiento de miles de familias.
El Gobierno suele destacar la recuperación del empleo como uno de los indicadores positivos de la economía. Sin embargo, detrás de ese dato aparece una realidad mucho más compleja: una parte cada vez mayor de los nuevos puestos de trabajo son informales.
Según los últimos datos oficiales, el 44,2% de los trabajadores argentinos se desempeña sin registración, el nivel más alto de los últimos años. Esto significa que más de cuatro de cada diez personas trabajan sin aportes jubilatorios, sin cobertura social y sin la protección que brinda un empleo formal.

Trabajar ya no garantiza estabilidad
La principal consecuencia de la informalidad es que tener empleo dejó de ser sinónimo de seguridad económica.
Quienes trabajan en negro suelen cobrar salarios más bajos, carecen de indemnización en caso de despido, no perciben horas extras y, en muchos casos, tampoco acceden a una obra social.
A eso se suma otro problema: al no realizar aportes previsionales, esos trabajadores también quedan con menores posibilidades de acceder a una jubilación digna en el futuro.
Menos aportes, menos recursos para el Estado
El crecimiento del empleo informal también tiene consecuencias sobre las cuentas públicas.
Cuando un trabajador no está registrado, el Estado deja de percibir contribuciones patronales y aportes destinados al sistema previsional.
Según datos oficiales analizados por economistas, los ingresos de la Seguridad Social crecieron por debajo de la inflación durante el primer semestre del año, lo que implica una caída en términos reales y pone más presión sobre el financiamiento del sistema jubilatorio.
En otras palabras, menos empleo registrado significa menos dinero para sostener jubilaciones, pensiones y otras prestaciones sociales.
El otro efecto: familias cada vez más endeudadas
La informalidad también impacta en el bolsillo de manera menos visible.
Al no contar con ingresos estables ni acceso al crédito bancario tradicional, muchos trabajadores recurren a billeteras virtuales o préstamos con tasas elevadas para cubrir gastos cotidianos.
Ese fenómeno ya se refleja en las estadísticas: la morosidad de los créditos familiares continúa creciendo y, en el caso de algunas fintech, supera el 30%.
¿La reforma laboral alcanza?
El Gobierno sostiene que las modificaciones introducidas por la reforma laboral facilitarán la creación de empleo registrado.
Sin embargo, distintos especialistas advierten que algunos cambios también podrían incentivar modalidades laborales más flexibles y con menor nivel de protección, por lo que todavía existe debate sobre si la reforma logrará reducir efectivamente la informalidad.
La economía que no aparece en los indicadores
El crecimiento del empleo suele presentarse como un dato positivo.
Pero cuando ese crecimiento ocurre principalmente a través de trabajos sin registrar, la realidad cambia.
Hay más personas trabajando, pero también más ciudadanos sin derechos laborales, menos recursos para financiar jubilaciones y un número creciente de familias que llegan a fin de mes recurriendo al crédito.
Ese es el desafío que plantea hoy el mercado laboral argentino: no alcanza con crear empleo. La calidad de ese empleo también determina el futuro de la economía.


